Con foco en el rol decisivo de los dispositivos tecnológicos para identificar obras de arte falsificadas o robadas, desde el hoy y hasta el lunes se realiza el Primer Congreso Internacional de Peritaje de Obras de Arte, una iniciativa en la que confluirán expertos nacionales e internacionales para debatir alternativas que permitan reducir los alcances del tráfico de obras, una actividad que ocupa el tercer lugar de ilícitos detrás del tráfico de armas y de drogas.

Como fábula urbana o investigación documentada, las anécdotas sobre cuadros apócrifos y exhibiciones de obras falsas en grandes museos se cuentan de a miles en la historia del arte: no en vano, después de tres siglos de existencia, la National Gallery de Londres decidió colocar la advertencia “atribuida a…” en unas 150 obras que integran su acervo y sobre cuyo autor no hay completa certidumbre.

“La pintura moderna no se halla al resguardo de las obras falsas, y la admiración que despiertan ciertos artistas -como Van Gogh, por ejemplo- contribuye a multiplicarlas. Tenemos ejemplos locales, como las obras falsas que circulan atribuidas a Koek Koek, Berni, Castagnino o Xul Solar”, sostiene el experto en peritaje y valuación de obras de arte Gustavo Perino. 

“En la Argentina, hace un tiempo que el mercado de arte entró en crisis -explica a Télam-. Decenas de galerías legendarias dejaron de vender arte clásico o consagrado por diversos motivos, uno atado con el otro, básicamente la inclinación del coleccionista por arte más nuevo, motivado por la alta rentabilidad especulativa y por el alto riesgo de compra de arte consagrado que sea falso o mal atribuido”.

Perino es fundador del Grupo Interdisciplinario de Valuación de Obras de Arte (Givoa), una institución argentina con sedes en España, Colombia, Estados Unidos y Perú, que con el propósito de intercambiar experiencias y recursos con especialistas de otros países dedicados al peritaje de arte realizará el sábado el Primer Congreso Internacional de Peritajes de Obras de Arte (ICAE, por sus siglas en inglés).

La actividad tiene lugar en el centro de convenciones “Golden Center” (en Avenida Cantilo y Guiraldes, CABA) y participarán referentes de distintas disciplinas relacionadas con peritajes, conservación, investigación científica y legislación, como el inglés Benjamin Creutzfeldt, creador del departamento de Arte Oriental de la casa de subastas Christie´s en Londres; la norteamericana Colette Loll, fundadora y directora de Art Fraud Insights, una empresa dedicada a las iniciativas relacionadas con el fraude en el arte; y el español Antonio López García, inspector de la Policía Nacional de la Unidad de Patrimonio de España.

“La idea del congreso es poner sobre la mesa a todos los jugadores (patrimonio, mercado, expertos) y decidir cómo se encara el futuro del mercado de arte con el fortalecimiento de la profesión del perito, que dejó de creer en una obra a comprobar científicamente su autoría”, sostiene Perino.

El congreso, declarado de interés cultural por el Ministerio de Cultura de la Nación y su par de la Ciudad, está planteado en torno a tres ejes: el aporte de las nuevas tecnologías a la ciencia del peritaje, la confluencia interdisciplinaria en la investigación pericial y la necesidad de coordinación entre lo público lo privado en la protección del patrimonio artístico y cultural de los países.

A nivel mundial, el comercio ilegal de obras de arte ocupa el tercer lugar en el ranking de ilícitos detrás del tráfico de drogas y de armas, un fenómeno que según Perino solo es posible con la complicidad de instituciones culturales y organismos de control que cifran la validación de una pieza en la existencia de una certificación formal y no de un estudio detallado de su composición y procedencia.

“Hay una cadena de complicidades establecidas por la cual la obra en cuestión muy pocas veces importa, solo importa su procedencia, que se ‘muestra’ con papeles o certificados emitidos por hijos o fundaciones que pretenden tener la hegemonía de la información y ser los únicos que (mediante cobro de honorarios altos) pueden decir que una obra es o no de determinado artista”, explica Perino.

“Esta modalidad esconde un problema muy grande y tiene que ver con la ausencia de análisis técnicos a la obra. El foco está puesto sobre el papel y no sobre la obra que se quiere vender ¿Por qué se da esto Porque el mercado solo necesita un papel que diga que un Renoir es un Renoir”, indica.
Para el especialista, es central transformar el estatuto de certificación de obras de arte: “Este paradigma debe cambiar. 

Actualmente, nueve de cada diez certificados son falsos o mal atribuidos. Tenemos que empezar a probar las cosas y dejar de opinar sobre ellas”, enfatiza Perino.

En la Argentina, la interacción entre los organismos y expertos ligados al tema de la protección de los bienes artísticos es todavía incipiente pero exhibe algunos avances, como un convenio reciente entre el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) y GIVOA para conformar una base de datos que consigne la información de todas las obras peritadas con información sobre tipos de pigmentos y soportes utilizados por cada autor.

“Hasta hace tres años no teníamos ningún contacto con instituciones públicas pero desde entonces además de firmar el convenio con el Inti establecimos contactos con Interpol y continuamos con una agenda de charlas con museos como el Pettoruti de La Plata, y con la división de scopometría de la policía científica”. “Identificar una obra falsa es importante para el patrimonio y para el mercado mismo: hay muchos ejemplos de grandes artistas argentinos que por su proliferación de obras falsas han caído en la cotización de mercado y dejaron de ser atractivos para los coleccionistas”, analiza.

“La mayoría de las transacciones del mercado de arte no son públicas, al igual que no todas las obras robadas son denunciadas, ya que muchos propietarios con la intención y esperanza de encontrarlas en el circuito del mercado no las denuncian. También existen casos donde la no denuncia se debe a la necesidad de que no se sepa que determinada persona tiene en su colección tal o cual obra”, señala Perino.

¿La tecnología puede considerarse un arma de doble filo en tanto permite llegar a resultados concluyentes pero al mismo tiempo pone al servicio de traficantes y falsificadores las herramientas para lograr su cometido de manera más simple y les facilita una comunicación inmediata con una red global dedicada a este ilícito? “La obra de arte es única, irrepetible y tiene características que ningún falsificador puede imitar en un cien por ciento: claramente el plagio se nutre de la misma información que los peritos para permanecer vigente -explica Perino-. Si hay penas más altas para estos delitos, si se intervienen científicamente las obras y se dificulta el acceso de las mismas al mercado, este flagelo puede decrecer en el tiempo”.

Fuente Télam

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